Finalmente la presión política y los temores a empeorar más la crisis hicieron que Bush decidiera, sin pasar por el congreso, tomar parte de los fondos aprobados para rescatar a los bancos y entregárselos directamente a las automotoras para que fuesen capaces de continuar operando mientras preparan una drástica reestructuración que les permita ser nuevamente competitivos y rentables.
De las tres grandes, General Motors y Chrysler están en una situación tan crítica que sin esta ayuda no llegaban a fin de año ya que a las millonarias pérdidas que arrastran de los últimos años se suman las fuertes bajas de ventas (GM - 22% y Chrysler -28%) y la falta de nuevo financiamiento por parte del sector privado, que ya no le creen que serán capaces de pagar sus compromisos.
Dado lo crítica de la situación se entregarán en forma inmediata US 9.400 millones y US 4.000 millones a General Motors y Chrysler respectivamente a cambio de una completa reestructuración de las compañías que deberá partir con un estricto plan de reducción de salarios y beneficios y que debe continuar con una reinvención de las compañías para que puedan competir de manera eficiente con el resto de los fabricantes de automóviles mundiales. Por su parte Ford es la menos complicada y se le dará una línea de crédito en caso que la fuera a necesitar.
Esta ayuda alcanzará por unos meses mientras se trabaja en sanear las compañías y un segundo paquete de ayuda debería ser entregado por Obama el próximo año condicionado a los resultados ya que se indicó que de no ser capaces de demostrar viabilidad económica de aquí al 31 de marzo, deberán devolver el dinero (la deuda con el gobierno tendrá primera prioridad en caso de liquidarse la compañía) lo que significará irse todos para la casa.
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